miércoles, 14 de octubre de 2009

LOS INDECISOS DE SIEMPRE, EL CUQUI Y LAS MENTIRAS VERDADERAS Por Enrique Pintado


La única vez que figuré como indeciso en las encuestas fue en las elecciones internas de 1982 organizadas por los militares en los estertores de la dictadura, poco después de la derrota popular que recibieran en el plebiscito de 1980, cuando en silencio y con valentía, la ciudadanía le dijo No al sueño dictatorial de perpetuarse en el poder.

Días antes de estas internas, desde la cárcel, Líber Seregni nos habló claro. Con ese olfato y lucidez propios de los grandes estrategas políticos que piensan en el largo plazo de los procesos históricos, disipó la confusión y dijo: "Estas internas son un nuevo intento de los militares por imponer la democracia tutelada a través de un bipartidismo disfrazado. Por eso convoco a todos los compañeros a discutir si la mejor forma de expresar nuestra presencia es la abstención manifiesta o el voto en blanco". Participativo, jugado y racional aún en situaciones extremas, Seregni reencausó nuestra discusión interna señalando el camino.

Para el Frente Amplio ya no se trataba de definir si las elecciones internas abrían o no una esperanza de cambio, sino de decidir cuál era la mejor manera de expresar nuestra oposición a la dictadura reforzando nuestra identidad y pertenencia con el movimiento de izquierda democrática y revolucionaria que representamos.

Resolvimos votar en blanco y bancarnos las consecuencias. Eso mismo le dije a la encuestadora de la empresa Gallup que me visitó en Las Piedras una semana antes de las internas. Pero no hubo caso, mi opción no existía. El formulario de la consultora, la misma que en el plebiscito del 80 pronosticó que el SI le ganaba 8 a 2 al NO, no tenía espacio marcado para votar en blanco.

Si no votabas nacionalista, colorado o cívico eras indeciso. Quiere decir que según la Real Academia Española, en ese momento yo no estaba comprometido con un espacio libertario y antidictatorial, sino que me encontraba "perplejo, irresoluto y con dificultades para decidir".

A pesar de todas las contras el voto en blanco del Frente Amplio, o del Partido de los Perplejos caprichosamente fundado por Gallup, obtuvo un 7,6% del total de votantes. Y a pesar del miedo generalizado y la incertidumbre sociopolítica, un 40% del padrón electoral resolvió no ir a votar.

27 años después de aquella interna, prólogo del inolvidable "Río de la libertad" del obelisco, el discurso académico, traducido y multiplicado por los medios, consolida el paradigma de que el Partido de los Indecisos es la fuerza política que define toda elección.

Si bien destacamos el aporte de los cientistas políticos y de las consultoras al desarrollo del país y a la profesionalización de la política, es evidente que el electorado y la psique de la gente no son tan fáciles de segmentar.

El comportamiento político no es igual al del mercado de consumo. Especialmente cuando se trata de cuantificar y caracterizar a los mal llamados indecisos. Por ejemplo, para una empresa hoy son el 12% del electorado y para otra son el 7%. Una dice que son mayoritariamente mujeres pobres, con poco interés en la política, del interior del país y con características de "indecisas al cuadrado"; mientras otra sostiene que se distribuyen equilibradamente entre Montevideo- Interior, que pertenecen a estratos medios bajos, y que son mujeres y hombres de más de 60 años de edad o de menos de 29 años.

Convengamos que toda sociedad resuelve a su modo la tensión intrínseca y dramática entre el discurso cultural normativo dominante y el deseo o la necesidad individual de libertad de cada ciudadano. Pero los uruguayos, además de dar esa lucha constante entre el deber ser colectivo y el instinto personal, nos hemos culturizado en el mandato social implícito de necesitar sentirnos al menos una vez en la vida protagonistas destacados del destino que nos toca vivir.

Escuchamos tantas cosas diferentes de unos y otros, hay tanta intimidad tergiversada y mal desparramada en los pasillos, que recurrimos a la construcción de estereotipos sociales para alivianar la carga sistemática de tratar de comprender, tolerar y respetar la complejidad de cada ser humano. Como siempre me recuerda el Chiche, un entrañable compañero del Casmu y hermano de la vida, los orientales cultivamos el discurso humilde del país chiquito pero cuando se apaga la luz todos somos Obdulio Varela y queremos nuestro propio Maracaná. Somos competitivos y no nos gusta perder a nada. Nos quejamos de las colas para hacer trámites pero siempre esperamos hasta el último minuto, y si de casualidad pasamos por la puerta de la oficina y no vemos a nadie pensamos que está cerrado. Pataleamos contra el control social del chusmerío y la falta de espacio para liberarnos, pero elegimos amontonarnos en Montevideo donde se nos achica el metro cuadrado de intimidad. En esa lucha entre pertenecer y diferenciarnos, somos uruguayos.

Por eso afirmo que toda coincidencia de las predicciones con el comportamiento electoral final de los indecisos será mera casualidad.

No hay estereotipo que pueda simplificar el pensamiento de estos conciudadanos.

Las indecisas no son todas esas pensionistas a las que Lacalle quiere embaucar prometiendo alquilarles una casita con frente y fondo en el barrio y con las comodidades que ellas quieran. Parece que el Cuqui, ligero para las cuentas, al Supermercado del Partido Nacional recientemente inaugurado, ahora le quiere anexar un par de inmobiliarias especializadas en conseguir viviendas para las incautas abuelitas de Caperucita Roja. Tampoco se parecen en nada al señor enchalecado, de buen pasar, criticón e irónico que los blancos quieren vendernos en los spots televisivos como dueño del sentido común electoral. Puro fiasco. Mentiras nada más, sin verdaderas.

En el impulso final de campaña los partidos políticos, solemos cegarnos por la pasión, dedicando gran entusiasmo a la caza de los tan preciados "indecisos". En la parada del ómnibus, en la feria, en los asados, o en el trabajo, cualquier persona que hable de política y diga "yo todavía no sé...", antes de terminar la frase es acosado por cientos de bocas, palabras y gestos que pretenden vanamente apropiarse de su voto. Hay demasiadas palabras que dejan sin significado a esas mismas palabras.


Por eso me permito recordarnos:
1. En las urnas todos los votos son iguales y valen lo mismo. Decir que tal o cual grupo social o electoral define la elección, es atribuirles un valor ponderado que no tienen, ejerciendo una presión social indebida que no respeta la libertad de los votantes.

2. El voto sigue siendo secreto y obligatorio, y nuestro sistema electoral continúa garantizando transparencia y el pleno ejercicio del derecho al voto. Ello implica aceptar serenamente que existan ciudadanos que apoyen partidos distintos al mío, que no respondan las encuestas, que elijan no votar, o que voten en blanco o anulado.

El Frente Amplio que desde su nacimiento tiene la libertad y la justicia social como parte indisoluble de su ser, bien lo sabe.

3. El grupo reportado como indecisos por las encuestadoras son el conjunto de personas más heterogéneo e inclasificable en su intencionalidad electoral. Pertenecen a todas las clases sociales, géneros y grupos de edades. Viven en todos los departamentos y barrios del país. Algunos son votantes por primera vez y otros están desencantados de la política o de los políticos. Hay quienes asumen la política y el cambio social desde otro rol, por fuera de las estructuras partidarias, que eligieron vivir su vida entregando su energía a otras pasiones.

También están los indiferentes o los que estudian en detalle los planes de gobierno de todos los partidos antes de optar por quien votar. Los que detestan las encuestas o los que coincide que cuando los quieren entrevistar sufren un gran dolor de muelas. Y están los que nunca sabremos qué sienten o qué piensan, como en la vida misma.

4. Estos indecisos cuentan con una sola característica común que los distingue y destaca; cada uno a su modo pero todos juntos, en tiempos electorales se transforman en los abanderados del cuestionamiento al discurso dominante, a las instituciones y a las relaciones de poder establecidas. Interpelan el consenso social en relación al rol de la política en la toma de decisiones y su impacto en la vida cotidiana de la gente. A su manera están en la frontera. Son rebeldes.

5. Por todo ello el Frente Amplio tiene la obligación fundacional de tratar de entender las motivaciones y demandas profundas de estos ciudadanos que no creen en el casete que se repite constantemente. Tienen sueños que nos silencian.

Por eso si tenemos la oportunidad de encontrarnos con un indeciso nada de atiborrarlo con palabras. A callar, escuchar y tratar de entender como cada de uno de ellos juega el partido de su vida. Aprovechemos nuestro silencio para festejar el encuentro con la diversidad, para aprender a mejorar y recién después de mucha oreja encontrar la coincidencia entre sus sueños y nuestra propuesta.

|*| Diputado Asamblea Uruguay 2121


Citado de Asamblea Uruguay 2121: http://www.2121.com.uy/index.php?option=com_content&view=article&id=1732:los-indecisos-de-siempre-el-cuqui-y-las-mentiras-verdaderas-por-enrique-pintado--&catid=1:noticias-de-prensa&Itemid=72

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